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Palabras de Bienvenida

Este año comenzamos nuestro séptimo año en FADU, al frente de una de las cátedras a cargo de una asignatura tan particular como lo es DIRECCION Y LEGISLACION DE OBRA (“Legal”).

Hace un tiempo, en esta bienvenida dijimos que es realmente saludable saber que una asignatura como Legal está cobrando importancia ya que ha dejado de ser vista como una asignatura más de la currícula para ser tomada como una herramienta que permite un ejercicio profesional serio, digno, sano y consciente.

Recientemente, navegando en Internet, dimos con un sitio español, en el cual se desalentaba a estudiar arquitectura, y en esa publicación, su parte final reza: “Nuestra profesión ha pasado de ser un grupo económica y socialmente poderoso, aunque poco solidario, a ser un grupo numeroso y pobre, que sigue siendo poco solidario. Hemos de comprenderlo pronto y adaptarnos a ello. Tú tienes la oportunidad de elegir qué quieres hacer, estudia arquitectura si es lo que crees que te gusta, pero hazlo sabiendo que casi con toda seguridad tendrás que dedicarte a otra cosa”.

Entendemos que el contexto laboral en nuestro país, y en varias naciones del mundo, es particularmente feroz. Nadie puede decir que es fácil estudiar arquitectura, ni tampoco es fácil el ejercicio profesional. Aunque tampoco es fácil cualquier ejercicio profesional que quiera ejercerse de un modo serio y digno. De ahí que cuando algunos llaman -de un modo categórico, subidos a un pedestal- a no estudiar tal o cual carrera, despiertan cierta sospecha, pues en todo caso, cualquier afirmación debería estar sostenida por algún argumento certero. Y aun así, justo es decir que el ejercicio profesional de la arquitectura dista de ser el ideal, y por eso, debemos prepararnos para mejorarlo, desde las casas de estudio, hasta el debido control que hacen los organismos creados al efecto. Y esto lleva a que se deba abrir un debate: qué clase de arquitectos se necesitan, cuál debe ser un buen plan de estudios, cuánto más deben hacer los colegios profesionales por el correcto control del ejercicio profesional en defensa de la arquitectura.

En la vida, no siempre transitamos libres de obstáculos, y es allí cuando debemos crear un faro que se denomina esperanza. Y que quede claro: no es la esperanza una palabra mágica, sino algo parecido a una planta que se cultiva y a la que le damos cuidados para que crezca. Aquello que sostiene al mundo es la esperanza, y se crea en el deseo de llegar a una meta. Alguien dijo una vez: “La esperanza es como el sol, que arroja todas las sombras detrás de nosotros”. Pues bien, es importante que ese motor sea el que nos lleve a fijarnos metas reales y concretas que nos han de ayudar a dejar atrás todos los obstáculos que siempre aparecen en nuestro camino.

Y no solo debemos alimentar la esperanza, sino además trabajar siendo mejores estudiantes y mejores docentes, pues de ese modo, podremos contribuir a que el ejercicio profesional no sea solamente una expresión de deseos.

Tal como hacemos desde que comenzamos a enseñar en esta casa de estudios, nuevamente decimos: Gracias por comenzar este año junto a nosotros. Gracias por ser parte de esta cátedra.

 Captura

                                                                                              Claudio Fabián Torres

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